¿Quién necesita realmente una dieta libre de gluten?

Es poco probable que la tendencia por consumir alimentos libres de gluten desaparezca pronto. Mucha gente dice sentirse mejor tras adoptar una dieta sin gluten, es decir la glicoproteína que se encuentra en el trigo, la cebada y el centeno, aunque pocos de quienes lo evitan padecen de enfermedad celíaca, trastorno autoinmune que ataca los intestinos y otros tejidos cuando se consume gluten.

Se sabe que aproximadamente 1 de cada 140 personas posee enfermedad celíaca, que puede permanecer latente por muchos años y revelarse a cualquier edad. La verdadera incidencia podría ser mucho más alta. En un estudio realizado en Denver, Colorado, que siguió a niños nacidos de 1993 a 2004 hasta los años de su adolescencia, el 3.1 por ciento de ellos resultó tener celiaquía.

“Hay un número increíble de personas que podrían estar afectadas”, dijo el doctor Joseph A. Murray de la Clínica Mayo, experto internacional en la enfermedad.

Las consecuencias en la salud de la enfermedad celíaca incluyen daño intestinal. Además, no detectar la enfermedad celíaca asintomática a temprana edad puede causar un mal desarrollo de los huesos y entorpecer el crecimiento, según Murray. Esto puede causar “un alto riesgo de fracturas, tanto antes como después del diagnóstico de la enfermedad celíaca, lo que puede no ocurrir antes de los 40 o 50 años”, explicó.

A pesar del interés actual en el gluten, probablemente hay mucha gente con enfermedad celíaca que no sabe que la tiene. El trastorno puede provocar una serie de síntomas vagos y en ocasiones confusos, cuya verdadera causa podría no determinarse sino en hasta diez años. Entre los posibles síntomas encontramos dolor abdominal, hinchazón, gases, diarrea o constipación crónica, fatiga crónica, anemia, pérdida inexplicable de peso, calambres musculares, periodos menstruales perdidos, infertilidad, aborto espontáneo recurrente, deficiencia vitamínica, decoloración del esmalte de los dientes, pérdida de masa ósea y fracturas.

Algunas personas suponen que lo que sienten es normal y nunca mencionan sus aflicciones al médico. Y si se las mencionan, el médico puede desdeñar las quejas atribuyéndolas a otra causa. Cuando la celiaquía no diagnosticada provoca fatiga persistente o infertilidad “se pierden años de calidad de vida que no se pueden recuperar”, advirtió Murray.

Si los síntomas son sutiles, agregó, “la gente puede estar enferma por tanto tiempo que ya no sabe lo que es estar sana. No reconocen sus síntomas ni se quejan con el médico. Si se examinara a toda la población y se encontrara y tratara a la gente con enfermedad celíaca, entonces podría no haber consecuencias en la salud.”

Hay otras razones por las que evitar el gluten puede mejorar la salud, como la sensibilidad a la proteína o a algún otro componente en el trigo (la principal fuente de gluten en la dieta del hemisferio occidental) y el efecto placebo: un beneficio genuino inspirado por la creencia de que el remedio elegido efectivamente funciona. La sensibilidad al gluten no causa los daños al intestino y otros órganos provocados por la celiaquía, aunque la gente que la padece tiende a experimentar gran variedad de síntomas.

La celiaquía puede permanecer latente por muchos años y en ese tiempo pueden ocurrir daños ocultos con efectos en la salud para toda la vida y a veces irreversibles. Estos factores apuntan a que un programa de exámenes para detectar la enfermedad oculta podría salvar la salud de millones de personas, especialmente de niños cuyo crecimiento podría verse obstaculizado y que podrían sufrir otros problemas de largo plazo por una enfermedad celíaca no diagnosticada ni tratada.

Sin embargo, después de una revisión cuidadosa de los reportes publicados, un pánel de asesoría médica para el gobierno estadounidense no apoyó la idea de establecer un programa de detección. No porque considere que el padecimiento no es grave o porque no existan exámenes para detectarlo. Más bien, explicó, todavía no hay suficientes evidencias para responder a “preguntas clave relacionadas con los beneficios y los daños de someter a examen de enfermedad celíaca a individuos asintomáticos”.

Entre las áreas que necesitan mayor investigación, concluyó el Preventive Services Task Force estadounidense, está determinar cuán precisos son los exámenes de detección; si examinar a personas con posible enfermedad celíaca puede causarles daños, y si tratar la enfermedad detectada en el examen mejora la salud, prolonga la supervivencia y eleva la calidad de vida de personas que, en otras condiciones, no se habrían tratado.

Pero sin diagnóstico médico de enfermedad celíaca y sin conocer sus posibles consecuencias, la gente tiende a ser menos cuidadosa con lo que come: millones de personas se están autotratando con dietas sin gluten. Esto tiene sus ventajas y sus desventajas. Si evitar el gluten las hace sentirse mejor y si pueden pagar los alimentos libres de esa proteína –que suelen ser más caros–, la gente no vería razón alguna para no hacerlo.

Una importante desventaja del autotratamiento sin diagnóstico es que para que el examen de celiaquía arroje resultados precisos es necesario que la persona haya consumido gluten con regularidad. Evitar esta proteína puede ocultar un hallazgo positivo en un examen de sangre y en muestras de biopsia de los daños en los intestinos que pueden ser resultado de comer gluten.

“Hay una prueba de sangre muy sencilla para detectar la enfermedad celíaca, pero debe de hacerse antes de cambiar de dieta”, explicó Murray, de la Clínica Mayo.

Aunque también hay una posible desventaja médica en el diagnóstico y el tratamiento. “Contrariamente a lo que piensa la gente, una dieta sin gluten no necesariamente es saludable”, advirtió Murray. “Cuando la adopta gente con enfermedad celíaca, tiende a subir de peso, especialmente peso de grasa”, dijo. “También tiene más tendencia a contraer síndrome metabólico”, añadió, que eleva el riesgo de enfermedad cardiaca y diabetes tipo 2.

Mientras no se encuentren evidencias que justifiquen examinar a toda la población para ver si tiene celiaquía, Murray está a favor de examinar “a todas las personas que estén en el grupo de riesgo”. Ese grupo está formado por familiares de personas con enfermedad celíaca, así como aquellos con diabetes tipo 1, osteoporosis prematura y anemia, que pueden ser señales de celiaquía. También recomendó que se examinaran las personas con hinchazón crónica, úlceras en la boca, dolores de cabeza y fatiga constante. Otras personas que están en riesgo de tener enfermedad celíaca son las que sienten hormigueos o embotamiento de brazos y piernas, y las que tienen enfermedad de la tiroides, artritis reumatoide y síndrome de Sjogren.